martes, 6 de diciembre de 2011

Mi nuevo libro de relatos incluye: UN NOVIO PARA SAMANTHA GARDNER y otros...

Sus expresiones verbales eran generalmente órdenes y expresiones de caprichos o punzantes formas de referirse a los demás. Todo se lo soportaban a la pequeña Samantha, pero no se imaginaban el ser cruel y destructivo que criaban en aquel cuerpecito frágil y bonito. Así pasaron años y todos los que estábamos en su entorno vivíamos en esa normalidad.
Con la llegada a la adolescencia los hábitos de Samantha tuvieron matices más curiosos. Sus veleidades habituales tomaron otros matices un poco más perversos y, al mismo tiempo, un poco encantadores. Leía novelas rosa y muchas revistas de moda. Poco a poco exigió a sus padres los rudimentos básicos para realizar el recién llegado culto a su femineidad y belleza.
Hizo que contratarán a una peinadora que viniera al menos tres veces por semana, exclusivamente a atenderla a ella con sus cabellos, maquillaje facial, masajes y cuidados especiales.
Es difícil precisar el origen actual de su peculiar belleza, es difícil atribuirla sólo a los cuidados especiales , las cremas y tratamientos. La verdad es que más allá de sus defectillos, Samantha se había transformado en una bella muchacha.
Su particular belleza tenía el spleen lejano de su madre añadido a una coquetería adquirida en la revisión minuciosa de tantas imágenes de modelos que había devorado durante años. Al verla era difícil no admirarla por su apariencia, pero su conversación se tornaba muy problemática. Decía poco y hacía menos.
Desechó las clases de piano que su madre intentará darle y su lectura se cerró en poemitas cursis y cuentos de princesas antiguas y damas modernas de vida elegante. Pensó que era una de ellas y pasaba sus días así. Tenía pocas amigas, debido a su temperamento selectivo, nadie que no se le pareciese era digna de su amistad. De ese modo sólo frecuentaba a dos amigas: Lucie y Louise.
Se reunían algunas tardes a tomar el té y comentar sus cosas. Casi siempre se referían a nuevas modas, novedosos productos y cosméticos. Pero, en aquella oportunidad empezaron a hablan de un tema latente en su efusiva feminidad: los hombres.
¿Qué tipo de hombres eran aquellos que se merecieran mujeres tan delicadas, bellas y elegantes como ellas?
Y la conversación derivo en experiencias novelescas, de revista, ya que ninguna de ellas, al parecer, había conocido uno de ellos. El tema era interesante y quedaron en seguir aquella conversación otro día, ya que la temática era abundante. Se podía hablar tanto de aquellos seres que, inevitablemente, debían conocer.
Sería imposible realizar un inventario oral de todos los tópicos que habían tocado sobre aquel tema. Su peculiar interés las había llevado a investigar desde complicados mapas psicológicos hasta los detalles funcionales de todos los aspectos anatómicos de los hombres. Sabían exactamente quienes, que eran, que podían hacerles. Estaban enteradas de las veleidades de su carácter y las recurrentes menciones a la infidelidad.
“A nosotras no nos pasará jamás algo parecido”, decían convencidas. “Los hombres que escojamos serán perfectos y nos harán eternamente felices y satisfechas”. Doctas en teoría e ingenuas por natura, decidieron conocer la realidad e iniciaron paseos por los parques cercanos y luego, por los paseos más concurridos.
Observaban con detenimiento a los ejemplares a su alcance. Juzgaban sus defectos de vestimenta, sus facciones y hasta sus movimientos. Hacían retratos imaginarios en sus intensas conversaciones.
En ocasiones se les habían acercado algunos jóvenes, e incluso habían realizado paseos cortos con ellos. Les daban datos errados sobre sus nombre y sus domicilios. No querían correr riesgos innecesarios, además eran más sus defectos que sus atractivos.
Así transcurrieron algunos meses. Ya eran maestras en los flirteos y tenían algunos amigos. Los jóvenes y no tan jóvenes siempre la miraban a Samantha pero hacían piropos a las otras amigas. Ninguna alabanza directa le era dirigida y no sabía que es lo que pasaba y ello le molestaba sobremanera.
Lucie era de piel muy blanca y sus cabellos ondulados y oscuros chocaban un poco y la hacían verse un poco desteñida, quizá descuidada un poco, pero la delicadeza de sus vestidos y su sonrisa timiduela la hacían presa fácil de galanterías mínimas, pero frecuentes. Su fatal hipocresía le permitió tender sus redes a un joven pelirrojo, muy delgado y atildado, que siempre pasaba con sus libros por la calle. Nunca se enteraron cómo o en qué momento, pero resultó haciéndose novia de aquel jovenzuelo de cabeza incendiada. Sus amigas consideraron aquella reserva una pequeña deslealtad, porque además no compartía con ellas sino detalles intrascendentes.
– ¿Te besa? ¿cómo lo hace? –insistían, pero Lucie era muy parca en esos detalles. Estaba enamorada de aquel muchacho y él ya se había presentado a sus padres, y ellos estaban complacidos con el futuro abogado. Ante las negativas a contarles sus intimidades y debido al poco tiempo que ya les dedicaba a sus amigas, optaron por obviarla del grupo.
Samantha y Louise volvieron a las andadas. Frecuentaban algunas confiterías de la calle Harrington. Allí tuvieron algunas citas esporádicas. Sus opiniones sobre los hombres no habían cambiado mucho, debido a la escasa información. Al parecer ellos eran tan difíciles como ellas.
Al faltar algunos encuentros con Louise para sus paseos acostumbrados, Samantha empezó a sospechar algo. Su amiga estaba en amores con un hombre mayor, de algo más de treinta y cinco años que trabajaba de administrador en el parque de diversiones que visitaban desde hace un tiempo. Al verlos de la mano se puso furiosa.
¿Furiosa, por qué? ¿Eran celos por su amiga?
Obviamente que no. Era un sentimiento de profunda frustración. Ella, ella, la más bella de todas, la más cuidada y elegante, la de más bello cutis y de rostro tan hermoso. Si no tenía problemas al reconocer una simple realidad que estaba al alcance de todo mortal que la viera.
Ninguno de los muchachos que la miraban con ojos de bobo se habían atrevido a dirigirle al menos uno de esos piropos groseros o tibias alabanzas que hacían llegar a sus amigas. No, no podía ser, algo estaba sucediendo y lo iba a averiguar de alguna manera.
Era una de esas mañanas preciosas de verano y Samantha tuvo la necesidad de salir a tomar aire fresco. Eligió el paseo de los álamos; era el parque natural de su condado. Salió con una pequeña sombrilla para cubrirse del sol, pero no tuvo cuidado de ver aquellas nubarrones oscuras en el poniente que se acercaban tan lentamente.
Sentada en una banca de piedra, con los pies cruzados, como siempre lo hacían sus heroínas de revistas cuando esperaban a sus amantes, simplemente caía en una compacta melancolía. Algo de su madre se dejaba sentir por primera vez en aquella criatura encantadora.
Descubrió en su alma que jamás se había preocupado por nada que no pudiera manejar o tener. Esta vez si, sentía necesidad de ser amada no por amor filial, ni servil, sino simplemente ser amada. Sentía esa honda melancolía como un intruso en su vida, no le gustaba sentir necesidad de algo sin tenerlo inmediatamente, le quebraba todos sus esquemas mentales. Así divagaba y no sintió sino las primeras gotas de una tormenta. Aquello la incomodó, se puso de pie y pensó en retornar a su casa.
¬– Disculpe señorita, ¿puedo ayudarla? –le inquirió un hombre joven vestido con un impermeable y un paraguas amplio sobre el hombro.
–No sé, ¡estoy tan molesta!
–¿Por qué?
– Es esta lluvia, que llega de improviso y… ni me di cuenta de ella…
El joven rió, pensando que se trataba de una broma. Sonaba como si lo fuera, pero al ver el rostro súbitamente encolerizado de la joven y adorable rubia, borró todo vestigio de burla o sarcasmo de su rostro lozano.
– Tiene razón, las lluvias debieran anunciarse con anticipación. Vaya ¡que falta de consideración! –lo decía con sinceridad, pero el tono de teatralidad que le dio sin querer a su expresión, hizo sonreír a la muchacha, que desarmaba su inútil y diminuta sombrilla. Ambos acabaron riendo como niños por sus mutuas tonterías.
– Pero, que hago aquí riendo con un extraño –dijo Samantha, cortando la natural conversación.
– Disculpa, no me presenté adecuadamente, pero la verdad es que soy nadie y estoy en ninguna parte.
Aquella ocurrencia devolvió a Samantha a una risa espontánea.
– Es cierto, yo no te conozco de nada, pero me constituyo a partir de este momento en el más rendido y diligente protector. No permitiré que ninguna gota de esta lluvia, ni ninguna partícula de este viento toque tu piel o tus bellos pies.
Se había fijado en su belleza y sus pies, además se lo había dicho, entonces su belleza era visible y no oculta como había llegado a creer en sus ensimismamientos recientes. La joven se puso tan contenta que enmudeció durante varios segundos.
Quien viera a Samantha en ese justo instante, hubiera visto a una Samantha completamente diferente, como recién salida de un paraíso terrenal ilusorio. ¿Dónde había estado esta criatura en los últimos dieciocho años? (tenía dieciocho).
–¿Lo harás? – respondió con una voz musical, exenta de aquellos gestillos de intemperancia que acostumbraba.
– Si, por supuesto. -le contesto el muchacho con mucha seguridad.
Samantha se tranquilizó por fin. Por un momento vio su entorno y la lluvia había sido apenas un simple aguacero fugaz. Le pidió con su dedo índice que cerrara el paraguas y, acabaron sentándose en el banco. Ninguno se dio cuenta de que la superficie estaba mojada. Su piel volvió a tomar su color,

domingo, 4 de diciembre de 2011

Un novio para Samantha Gardner

Su hija se transformó en el objeto de su cariño. No le perdonaba a su marido el haberla hecho sufrir de modo tan imperdonable. Le decían la dama de Leceistershire y así se sentía ella.
Su pequeña Samantha era rubia y tenia el cabello liso tan precioso que parecía de oro. Aquello dio origen a una pequeña leyenda familiar: cada mechón de su cabello debía valer como el metal precioso. Su cabello estaba siempre muy largo y bien cuidado. Regalaba pequeños trozos de su cabello como si regalara pequeños cofres de oro y lo hacía muy rara vez y a muy pocas personas.
Era una niña muy linda, aunque tenía un pequeño defecto facial que siempre intentaba disimular con gestos y guiños, que consideraba parte de su natural coquetería. Durante su infancia casi no salía de su amplia y cómoda casa situada en uno de los suburbios más alejados de la pequeña ciudad de Leceistershire, al sur de Inglaterra.
El pequeño bosquecillo, su laguna de ocas y el amplio jardín eran considerados por ella como su reino privado. Correteaba poco por los pasillos, salones y las incontables habitaciones de la casa. Realmente La pequeña Samantha parecía un pequeño felino. Aparecía de pronto y muy silenciosamente y desaparecía del mismo modo.
Salía poco de su casa y los paseos que hacía con sus padres al lago cercano o al centro comercial de la ciudad, eran para ella, un poco incómodos ya que no siempre hallaba la comodidad que esperaba en todas partes y no hallaba obstáculo alguno para manifestar sus molestias.

lunes, 4 de octubre de 2010

Santiago Ocampos , un influyente critico literario sobre EL VIAJE DE RADY SCOTT

El movimiento pendular –Crítica literaria de El Viaje de Rady Scott de Mohamed Bouzitoune-

El Viaje de Rady Scott de Mohamed Bouzitoune es una novela característica del género policial. A lo largo de diecisiete capítulos se narra un fragmento de la vida de Rady Scott, el más importante, el que lo convertirá en un verdadero hombre. Este joven inglés emprende un viaje que lo enfrentará a acontecimientos imprevisibles, al igual que Telémaco el hijo de Ulises, y que lo obligará a romper ese halo de fantasía creado por sus ilusiones de sentirse libre.
El ritmo de la narración es el de un constante movimiento pendular en el que oscilan imágenes cotidianas y familiares, en las que afloran los sentimientos del protagonista sembrando indicios. Al mismo tiempo, aparecen los diferentes hechos que tensarán la cuerda del nudo argumentativo y nos sumirán en la perplejidad. Este ritmo de escritura nos permite ir adentrándonos lentamente en la historia, logrando así que la intriga crezca hasta dejarnos exhaustos y arrojados sobre la arena. Tanto Rady Scott, como nosotros lectores, compartimos la misma incertidumbre de lo que puede suceder.
Como un pequeño titiritero, el autor enhebra con inteligencia cada suceso, aún los que parecen más fútiles y, sin embargo, esconde las llaves del próximo acontecer que, precedido por una calma semejante a la que vislumbra una tormenta, muestra todo su significado sin perderse en el rompecabezas semántico planteado. En algunos momentos podemos sentir la palabra cubriendo nuestra ansiedad con su abrigo de incertidumbre.
La niebla es un elemento significativo, en algunos capítulos, al confundirse con los sentimientos propios del protagonista. Definida como “red infinita tejida con las alas de la mariposas que mueren volando” la niebla hila, junto al tiempo, la historia hasta su desenlace final. Al ser también una suerte de ensoñación ordena lo acontecido y permite comprender el estado anímico de Rady Scott.
La libertad es un tema recurrente, su impulso es el que empuja la narración con sus alas. La sensación de poseerla motiva a Rady Scott a desatarse de sí mismo y a comenzar una aventura propia, que intentará satisfacer su felicidad ante la negación de un capricho por parte de sus padres. Lejos de su tierra natal aprenderá el valor del sacrificio, de la dignidad e incluso de la amistad. Y finalmente aprenderá a vivir el amor en toda su magnitud.
Con sorpresas y relatos especulares, la trama va tocando temas muy profundos como la envidia, el significado del mal, los valores familiares y las reflexiones en torno al sentido de la vida en interminables caminatas. Se cuestiona la eterna utopía de intentar seguir siendo niños sin que el tiempo pase. Eterno pensar del alma poética que debe obligarse a crecer para salir del cascarón de huevo.
Cada escena de este libro, es construida al decir de Joan Manuel Serrat, “a golpes de sol y de agua”. El idioma español es enaltecido bajo las manos de este hacedor de historias que con metáforas exquisitas y admirable precisión nos conduce por los caminos de Rady Scott. Con un vocabulario práctico y sencillo la memoria dibuja el mar Mediterráneo con todos sus soles y lunas logrando así que el rumor de las aguas contra la playa acompañe la lectura a lo largo de las páginas.
Mohamed Bouzitoune es un escritor inteligente, que por medio de una prosa prolija desata sus imágenes como un vendaval de palabras que ordenan en secreto sus sueños. Con conciencia del oficio de narrar, este poeta invita al lector a armar el rompecabezas que su mente imagina, aunque sin indicar cuándo empieza el juego.
La poesía es utilizada para describir los anhelos de Rady Scott y las maravillas de la Isla de Mallorca. Sus paisajes encierran en su intimidad la noche que Mohamed Bouzitoune decidió emprender un viaje a la literatura, sin boleto, sin ticket, pero con una idea primordial, traer a nuestros días la historia de un joven inglés que por la ventana de la bitácora de un barco, era impulsado a soñar y seguir su rumbo por otro joven escritor, que muy despacio, a medida que lo iba reflejando en el espejo de su imaginación, lo hacía partir de un puerto inglés para encontrar la madurez de su estilo.

sábado, 25 de septiembre de 2010

otra novela trepidante

Esta es la historia de un joven inglés llamado Rady Scoot, cuya historia interior lo lleva a iniciar una cadena de aventuras y hechos extraordinarios. Una anécdota familiar quiebra el vinculo con sus padres y, en medio de una desesperada crisis existencial, halla una señal mágica. El nombre de un lugar lejano Palma de Mallorca y un hotel llamado Illa D´Or, isla de oro, despierta en él una tremenda inquietud que interpreta como un llamado desde lo profundo de su alma.
En la búsqueda de su sueño imperativo se inician una serie de casualidades encadenadas que hacen posible su viaje. Tiene un sueño extraño y se ve a si mismo como el portador de un mensaje oculto en un mundo de seres extraños y caballos. La mañana siguiente juega su escaso capital en una carrera de caballos en el derby de Berkshire, sin saber nada de este mundo de apostadores. Elige una opción improbable por la sola coincidencia del nombre del caballo con la isla de sus sueños. Acontece que gana una buena cantidad de dinero. En medio de su dicha y ya dueño de un pequeño tesoro, visita al caballo en los potreros del hipódromo. El jockey de aquel caballo es un amigo de infancia a quien estimaba mucho, pese a las rencillas propias de los niños y adolescentes.
Luego busca opciones para su viaje y decide tomar un barco de carga que partía ese mismo día al lugar donde se hallaba el lugar anhelado: las islas Baleares.
En el barco hace amistad con los marineros y con su capitán Bernard King. Durante la travesía el capitán, hábil conversador y narrador nato, le cuenta historias extraordinarias vinculadas con sus viejos antepasados. La saga lo lleva a fantasear sobre historias de fantasmas y aparecidos, hasta que finalmente llega a su destino: Port Pollensa.
El encuentro con el lugar de sus sueño: el hotel Illa D´Or es para él un suceso maravilloso. Es un edificio antiguo y bello que reúne todo lo que él buscaba. Allí se hospeda extasiado del lugar, las playas y el hermoso clima. Hace amigos e inicia una vida agradable como turista, hasta donde le alcanza el peculio. Presa de un sentimiento de nostalgia y algo de culpa por abandonar su hogar sin dar aviso a sus padres, recurre a imágenes de su infancia como un fantasma que le visita con frecuencia.
Se queda en el hotel ya no como huésped sino como una especie de invitado y trabajador, solventando sus gastos como guía y otros menesteres. Una mañana, mientras disfrutaba de su playa favorita, halla el cadáver de una mujer. Aquella impresión lo trastorna y lo hace sospechoso de aquel crimen, Los policías le interrogan y se inicia una investigación del hecho luctuoso. Poco después suceden hechos similares y la muerte de dos mujeres en situaciones similares al primer crimen, lo envuelven cada vez más en una madeja compleja de sospechas. No lo detienen por no existir evidencias claras que lo involucren directamente,
Conoce por casualidad a una muchacha francesa que, acompañada por sus padres , vacacionar en la isla. Se enamora perdidamente de ella, pensando que es el amor de su vida. Los padres de la muchacha viajan a Paris por asuntos personales y dejan a su hija al cuidado del joven inglés. En una excursión, la muchacha cae desde lo alto de una cala, al parecer empujada por alguien, y queda muy malherida. El hecho lo deposita en una situación grave; por un lado, el dolor de ver a su amada al borde de la muerte, por el otro por las complicaciones del hecho, en el que intervienen los investigadores.

jueves, 2 de septiembre de 2010

Su primera obra literaria, El viaje de Rady Scoot